El gran tropiezo de La Fuerza: Star Wars sequel trilogy

Cine, Pensamientos, REVIEWS - Diego Olivas Arana - 8 Enero, 2020

Escena de "Rise of Skywalker" (2019). El nuevo trio de esta trilogía (Créditos: Lucasfilm/Disney).

Una detallada catarsis de mi experiencia con la última trilogía de la saga galáctica, con énfasis en la última película, Star Wars: Episode IX – The Rise of Skywalker

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*** Algunas ideas de este texto tienen su origen en mis diferentes conversaciones sobre estas películas con Jair Luján y Ricardo Otiniano.

Mi relación con esa galaxia muy, muy lejana

Hace unas semanas, cuando me encontré con mi esposa luego de salir del cine y compartí desaforadamente mis impresiones sobre The Rise of Skywalker (2019), ella me pidió que le refresque por qué me gusta tanto Star WarsLa primera vez que vi Star Wars tenía cinco años. Era una grabación en VHS de The Empire Strikes Back (1980) o El Imperio contraataca como la conocimos en español. Mi hermano mayor la había grabado de Cine Millonario, el legendario bloque de películas de los domingos por la noche en Frecuencia Latina. Desde ese momento, la saga galáctica me ha acompañado toda la vida, para bien o para mal. Aquella noche, le dije todo eso y mucho más. He escrito antes sobre mi relación con la saga. Finalizado este prolegómeno, debo decir que es por todo esto que las últimas películas de la saga, las películas de Disney, han significado una declive progresivo que me ha llevado a cuestionarme mi amor por este relato sideral y a tomar decisiones sobre hacia dónde conducirlo. The Rise of Skywalker ha cerrado ese círculo y ha confirmado lo inevitable, y es por ello que será tratada en detalle al final, pero antes, revisaré las dos primeras películas de la llamada “sequel trilogy”, The Force Awakens (2015) y The Last Jedi (2017).

Póster peruano de “A New Hope” promocionando la película en los cines de Lima, Perú,1978 (Créditos: Archivo de la web de Arkiv Perú).

 

Un comienzo calcado es un comienzo inofensivo

Star Wars: Episode VII – The Force Awakens (El despertar de la Fuerza)

Empezaré afirmando lo siguiente: cualquier película que busque continuar la saga luego de El retorno del Jedi es innecesaria. Se trata del Episodio VI, el final de las seis películas. La trilogía original tiene un desenlace redondo que resuelve todos los arcos dramáticos de los personajes. Veamos: Luke y Leia son hermanos y ella es pareja de Han, Han a su vez decide quedarse con ellos y la Rebelión y se descubre como un hombre bueno; el Emperador Palpatine se manifiesta como el enemigo final absoluto, Vader encuentra la redención a través de su hijo y Luke completa su entrenamiento y se hace Caballero Jedi aceptando y salvando a su padre en una prueba de amor y compasión. Ganan la guerra y todos celebran, desde los peludos Ewoks hasta los maestros Jedi fallecidos, ahora fantasmas de la Fuerza. Pese a todos sus errores, la trilogía de precuelas también justificaba su existencia. George Lucas buscaba armar todo el rompecabezas: mostrarnos la caída de la República Galáctica y la Orden Jedi y especialmente profundizar y cerrar el arco de Anakin Skywalker. Muy al contrario, la trilogía de secuelas fue tan solo un intento -arbitrario, ahora lo sabemos- de continuar la franquicia. No tenía sentido hacerlas pero vamos, las hicieron y nosotros los fans no podíamos quejarnos: después de tantos años, ¿quién creería que habrían nuevas películas de Star Wars? Pero nos equivocamos.

El despertar de la Fuerza significó muchísimo para los seguidores de la saga de Lucas. Nadie esperaba que esto fuese a suceder: fue la primera película de este universo de ficción en una década, desde La venganza de los Sith, y la continuación oficial del final de la historia en El retorno del Jedi, 32 años después. Era un momento emocionante para ser un fan de Star Wars. Se abría un mundo de posibilidades, citando a Ben Kenobi. Cuando la vi por vez primera reconocí su extremado homenaje a la primera cinta, Una nueva esperanza (1977), para no pocos un calco total, mas me dejé llevar por los misterios que planteaba y por el afecto a la saga. Sin embargo, la película no envejece bien. Pese a ser la menos detestable de esta trilogía, con cada visionado se siente menos Star Wars.

¿A qué me refiero con esto? Mucho. Escenas o diseños de personajes extraños que más parecen del Star Trek de Abrams que de Star Wars, como Bala-Tik (Brian Vernel) y su Guavian Death Gang, los piratas que atacan a Han Solo y Chewbacca. Las criaturas con tentáculos que los atacan en la misma escena, los rathtars, también parecen sacados de otra película. Toda esa secuencia se siente ajena y lo único que vale -y mucho- es tener de vuelta a nuestra dupla de contrabandistas favorita. Y hablando de Han Solo, su muerte es un momento crucial tanto para la película como para el arco de su hijo Ben alias Kylo Ren (Adam Driver) y al fin y al cabo, para toda la saga. ¿Por qué se despidieron de un personaje tan entrañable de esa manera tan poco ceremoniosa? Puede entenderse: cerrar el personaje de Harrison Ford -quien ha admitido que quería que maten a Solo desde hace años- como un padre que todavía contempla esperanza para su hijo, pero siento que eso no tiene mucho que ver con el Han Solo que conocemos. Su arco dramático iba por otro lado: el contrabandista egoísta y sin moral que descubre el amor, la amistad y acaba abrazando una causa justa, haciéndose un héroe de guerra. Podría haberse muerto sacrificándose pero al final vemos a un solitario Han Solo ya cercano a la tercera edad, alejado de su esposa y aparentemente incapaz de enfrentar las responsabilidades de la paternidad hasta el mismo momento de su muerte, donde se redime intentando abrir el corazón de su hijo. Puede ser, pero me deja un sinsabor. Además, el hecho de caerse al vacío y no tener un entierro ni verse ninguna escena de Chewbacca y Leia -o Luke- compartiendo el luto me apena. Un desenlace raro para uno de los personajes más queridos y reconocibles de la historia del cine.

Póster oficial para “The Force Awakens”, 2015 (Créditos: Lucasfilm/Disney).

Despachar a Han Solo así de pronto es algo arriesgado -y en cierta forma, valiente- y creo que tiene más sentido si lo vemos desde el punto de vista de Kylo Ren: el parricida que ha cruzado definitivamente el sendero hacia el Lado Oscuro de la Fuerza, a pesar de tener todavía muchas inquietudes. Ben Solo no es un verdadero villano, es un joven genocida obsesionado con el recuerdo de su abuelo Darth Vader, conflictuado e inseguro sobre su lugar en esta guerra galáctica. Un personaje interesante otorgado a un buen actor, pero al final, mal ejecutado.

Rey (Daisy Ridley), la chatarrera olvidada en un planeta desierto que emprende un camino de autodescubrimiento y se inicia en las artes Jedi. Es un personaje fascinante y con un gran potencial. ¿Pero quién es ella? ¿Quiénes son sus padres? La nueva protagonista de la saga entraña muchas dudas y aquello es parte de su encanto, la posibilidad de conocer y apreciar a una sucesora del legado de Luke Skywalker. No obstante, es difícil conectarse con Rey. No parece tener ninguna debilidad ni conflicto salvo el no saber quién es y además está extrañamente dotada de habilidades con la Fuerza jamás vistas en un Jedi, ni siquiera en Yoda: ¿cómo es tan talentosa con el sable láser y usando la Fuerza si nunca ha recibido entrenamiento? Anakin, Luke o Leia, todos tenían reflejos y percepciones que precedieron su entrenamiento, pero jamás demostraron tanta habilidad. Acaba de aparecer y ya parece invencible, ¿es que la Profecía Jedi de las precuelas fue malinterpretada y es ella -y no Anakin- la Elegida que traerá balance a la Fuerza? Ni idea. ¿Y qué hay del par escenas de Finn (John Boyega) -otro personaje interesante- blandiendo un sable láser contra un stormtrooper y luego contra el mismo Kylo Ren? Suena increíble en Star Wars. En El Imperio contraataca vimos a Han Solo usar el sable con cierta dificultad para abrir el pecho del tauntaun y calentar a su amigo Luke, pero no es lo mismo poner a un personaje presentado como no relacionado con la Fuerza a pelear contra el Sith de la película.

Otro elemento sospechoso es el personaje de Maz Kanata (Lupita Nyong’o). ¿Una abuelita alienígena guerrera con más de mil años de vida y sensible a la Fuerza? Es evidente que querían crear una suerte de nueva versión femenina de Yoda -incluso se mantiene en secreto su especie, algo que solo ha sucedido con Yoda hasta la fecha- y eso no está mal, pero casi no la utilizaron y la dejaron imbuida de misterio ¿Cómo rayos consiguió el sable láser de que perteneció a Anakin Skywalker y posteriormente a su hijo Luke? Esperaba saber más de un personaje tan intrigante en las secuelas, donde seguramente cumpliría un rol vital. Y el Líder supremo Snoke (Andy Serkis) el nuevo archinémesis de la saga a quien solo vemos un par de minutos en un holograma, ¿quién es?

Kathleen Kennedy, J. J. Abrams y Lawrence Kasdan en la Comic-Con de San Diego, 2015 (Créditos: Gage Skidmore).

Pero no todo genera desconcierto en The Force Awakens. Ver de nuevo a Mark Hamill, Carrie Fisher y Harrison Ford en sus respectivos roles es un verdadero placer, y otros personajes y elementos de la saga como los androides R2-D2 y C-3PO (desperdiciados), Chewbacca, el Halcón Milenario o el Almirante Ackbar. El nuevo androide BB-8 funciona muy bien. Y ese final tan bonito y con tantas lecturas: Rey encontrando por fin a Luke Skywalker y ofreciéndole de vuelta su sable láser. Luke se ve estupendo y transmite mucho con su silencio, devolviéndole una mirada triste, solemne y poderosa. Un final promisorio. Pareciese que J. J. Abrams tuvo la valla demasiado alta con la responsabilidad de continuar la saga. Al tener a la intertextualidad como ingrediente principal para conmovernos y evocar sin respiro la trilogía original, con un exceso de guiños y repitiendo muchos de los recursos narrativos, se siente que esta película no aporta casi nada nuevo. Digo casi debido las preguntas que estableció para las secuelas y a ese acertado cliffhanger.

Así, mis primeras impresiones de The Force Awakens me dejaban la siguiente conclusión: quisieron reunificar a la comunidad de fans -dividida por las precuelas de Lucas, muy criticadas- homenajeando o haciendo básicamente un remake oculto de la primera película, aquella que lo inició todo. De acuerdo, no está mal, tampoco me fascinó, pero esto solo fue el comienzo. La siguiente tiene que ser mejor, mucho mejor. Qué iluso de mí.

 

Deconstrucción no quiere decir destrucción

Star Wars: Episode VIII – The Last Jedi (Los últimos Jedi)

La película que para mí desató el caos. Como escribí antes, tras la cinta anterior, yo esperaba algo grande. Debo admitir que tenía grandes expectativas por el segundo acto de estas nuevas películas. ¿Sería El Imperio Contraataca de una nueva generación? El resultado fue insospechado. Salí contrariado y confundido del cine, con muchos sentimientos encontrados, sorprendido y sin saber qué pensar. Me tomó unos días consolidar una opinión de Los últimos Jedi. Rian Johnson generó un monstruo incierto, probablemente el eslabón más ajeno de toda la saga. Disney le dio una oportunidad única y él hizo absolutamente lo que le dio la gana: una película transgresora que se encargó de desarmar mucho de lo establecido en el resto de películas. Para mí, Los últimos Jedi creó una desconfianza tanto en Disney como en el futuro de Star Wars. No quise volver a verla por todo lo que significó, y ha sido la única película de la saga a la que le he dedicado un solo visionado, hasta hace unas semanas, que volví a verla para asistir fresco a ver su secuela, y mi impresión fue acaso peor. Es una película original, ello es innegable, y tiene ciertas buenas ideas, pero la ejecución de Johnson las desbarata. Su película destruye Star Wars.

La desilusión de Los últimos Jedi hizo que el panorama del futuro de la saga me deje de importar. Luego de esa película me invadió una indiferencia total: ya no aguardarlas con emoción, iba a ver las películas sin ninguna expectativa (como me sucedió con el olvidable spin-off de Han Solo). Además, existe algo triste detrás de la proliferación millonaria de cintas de Disney: con tantas ya planeadas, Star Wars ha dejado de ser un evento importante. Como el viejo aficionado que ciertamente me considero, esto alberga una sensación agridulce en mis adentros. Por un lado, descubro que Disney jamás se detendrá: cual película de Marvel Studios, habrá una nueva entrega de Star Wars cada año, un episodio de la saga oficial seguido de un spin-off, seguido de otro oficial -otra trilogía que vayan a empezar y anunciarán pronto, seguramente- y otro spin-off, y así, ad infinitum. Tendré dosis anuales de Star Wars hasta el día de mi muerte. Eso puede traducirse en un éxtasis geek, como cualquier fanboy, pero también en una inquietud por el futuro de esta historia que me ha acompañado desde los cinco años. Es decir, el estreno de una nueva película de Star Wars ya no significará un evento sin precedentes. Ya no será un acontecimiento cultural, al menos no en ese pedestal de grandeza pop contemporánea al que nos tenía habituados. Al contrario, cada salida será vista como ‘la película de turno’ de Star Wars. El público perderá la emoción, se cansará, la historia se tornará más episódica de lo que ya es -¿es eso posible?-, acaso más repetitiva y perderá mucho de su magia. ¿Pueden los planes millonarios de Disney arruinar la ópera espacial más famosa de la historia del cine? Es una infortunada y probable realidad. ¿Pueden, como pretenden, revivir la saga, explorar horizontes extraños de aquella galaxia muy, muy lejana, y hacernos respirar Star Wars por y para siempre? Acaso una empresa compleja, mas no impensable.

Pero bueno, volvamos a Los últimos Jedi. Pasaron muchas cosas en esta película, tantas que podría tratarse de la última de la trilogía, un prematuro Episodio IX, y además sumándole ese final sin cliffhanger o sin dar pie a una secuela, muy distinto de los otros segundos actos de la saga: incluso El ataque de los clones (2002) dejaba la galaxia y a sus personajes en una situación en vilo. Por ello y otras razones más la siento ajena a la franquicia.

Esta cinta está plagada de decisiones rarísimas, entre ellas, la introducción de algunos personajes innecesarios y aburridos que en ocasiones palpan la antipatía. Empecemos con el total desperdicio del gran actor que es Benicio del Toro. Su personaje, bautizado con el extremadamente original DJ -que es un acrónimo de “Don’t Join”, su filosofía de vida-, no aporta absolutamente nada. ¿Qué intentaron hacer? ¿Una versión más cínica y amoral de Han Solo o Lando Calrissian? Aparece, expone su forma de pensar y desaparece para ya no volver ni siquiera en la siguiente película. Siento que su personaje fue quizás un atisbo del lado más nihilista del discurso contra el legado y el pasado que propone Rian Johnson: “buenos, malos, todos son corruptos al final, nada importa, no tomes partido”, parece gritar DJ. Su filosofía no genera ningún conflicto en sus receptores y desaparece de la trama sin importancia alguna, teniendo muchos minutos frente a la cámara.

Otro elemento aleatorio y sospechoso fue toda la secuencia en Canto Bight, la ciudad-casino que deviene en una misión alterna que separa a Finn y Rose Tico (Kelly Marie Tran) de toda la trama y se corona como el momento más tedioso -e innecesario- de la película. Finn, el exsoldado de la Primera Orden con buen corazón que piensa escapar de la guerra y buscar a su amiga Rey; Rose, la miembro de la Resistencia devastada por perder a su hermana en la última batalla y que siente cierta admiración por el supuesto héroe que es Finn y no puede tolerar su proceder. Ambos hacen una dupla que puede ser interesante, donde se conocen y aprenden el uno del otro, en especial Finn, pero esto no sucede. Toda la escena en ese planeta invadido por los juegos de azar no tiene sentido. Podríamos decir que sirve para darle más desarrollo a Rose, ¿pero de qué sirve si al final la dejarán de lado repentinamente en la siguiente película? Me apena mucho saber del primitivo cyberbullying racista y sexista que recibió la actriz, es algo que jamás debió suceder, pero lo siguiente es cierto: no se sabe qué diantres querían hacer con este personaje. Y Finn casi pasa desapercibido en Los últimos Jedi.

No obstante, ninguno de estos personajes resulta tan indeseable como la Vicealmirante Holdo (Laura Dern). Un personaje poco atractivo que llega de pronto como una figura sabia, importante y de autoridad. Una líder que no inspira nada: no la conoces, no puedes identificarte con ella, lo único que hace es equivocarse, pero a los veinte minutos de su aparición la nombran líder de toda la Resistencia y se sacrifica para salvar a todos con una táctica suicida premeditada… ¿Qué rayos?

Póster oficial de “The Last Jedi”, 2017 (Créditos: Lucasfilm/Disney).

Dern es una de mis actrices preferidas y anduve entusiasmado con la idea de verla formar parte de Star Wars, pero Holdo fue otra de las razones por las que esta película fracasó. No voy a entrar en debates sobre la viabilidad de la “maniobra Holdo” dentro del canon de Star Wars, solo afirmaré lo siguiente: su rol y su desenlace hubieran funcionado mucho mejor realizados por un personaje más querido, que ya conozcamos. La respuesta más obvia es el Almirante Ackbar (Timothy D. Rose), el entrañable alienígena mon calamari, brillante estratega y uno de los líderes de la Alianza Rebelde, que conocemos desde El retorno del Jedi y volvimos a ver en El despertar de la Fuerza. Ackbar estuvo en esa misma batalla junto a Leia, Holdo y otros miembros de la Resistencia, mas poco antes del ataque kamikaze de Holdo, un personaje secundario llega a informarle a ella sobre la muerte de muchos rebeldes, incluido Ackbar. Tan solo lo nombran entre las víctimas. Se trata de uno de los alienígenas más recordados de Star Wars, no solo por los fans: Ackbar ha sido parodiado y referenciado en muchas series y películas, su frase “It’s a trap!” de El retorno del Jedi devino en un meme. Su rostro es parte de la cultura popular. Lo insultaron robándose su sacrificio heroico de esa manera. Si querían ser más extremos, pudieron haber usado a Leia para esa maniobra y acabar con ella de forma más digna que en Rise of Skywalker. Además de desperdiciar el talento de Dern, todo se siente muy disonante.

Si bien no me afecta tanto, el retrato de Leia Organa en esta película todavía me resulta ambiguo. Me refiero a ese momento tan extraño en el que ella es expulsada al vacío del espacio y, en lugar de perecer como el resto, utiliza la Fuerza para protegerse e impulsarse de regreso a una de las naves, cual mujer kryptoniana. Siempre supimos que Leia, hija de Anakin Skywalker, poseía una gran sensibilidad con la Fuerza, pero jamás hemos visto algo como esto. Podemos aceptarlo más, creo, si lo contemplamos como un homenaje a la recordada Carrie Fisher, quien ya tenía un año de fallecida cuando la cinta se estrenaba en los cines. Mejor así. Fuera de todo esto, se trata de un personaje central en la saga que acaso mereció más tiempo frente a la cámara, por más que sepamos que esta trilogía no se enfoca en el elenco de la trilogía original.

A diferencia del resto, Poe Dameron (Oscar Isaac) crece en esta película y resulta un personaje más entretenido. Es interesante verlo aprender lecciones de Leia y de Holdo: ser humilde, tener la mente fría y estar listo para sacrificarse es más importante que ir al ataque improvisado y ser el gran héroe. ¿Pero por qué nos vendieron a la Capitana Phasma (Gwendoline Christie) como un villano trascendente si no explican nada de ella y la matan tan rápido? No es relevante al final, siendo su personaje irrelevante, pero lo que sí es un absurdo es hacer lo mismo con el Líder supremo Snoke. Hacer que Kylo Ren lo asesine tan de pronto es uno de los grandes errores de esta película. Simplemente es un sinsentido, al que volveré cuando hable de The Rise of Skywalker.

Y toca hablar de Luke Skywalker. Reencontrarse con Mark Hamill en ese papel legendario ha sido una experiencia tan hermosa como nostálgica. Se le siente muy cómodo en el rol del ahora veterano Maestro Jedi y se roba la película de tal manera que por poco nos olvidamos de todas las inconsistencias que ésta entraña, especialmente con su personaje. Verlo de vuelta es genial pero no termina de agradarme lo que hacen con él. Aquel es mi mayor problema con Los últimos Jedi. Ahora que he vuelto a ver la película, siento que la representación de Luke como una versión extrema de Obi-Wan Kenobi puede ser muy interesante, es decir, como un Jedi retirado, derrotado y exiliado en un planeta distante al sentirse responsable de la caída del nuevo templo Jedi y de la conversión de su sobrino al Lado Oscuro de la Fuerza. Su forma de pensar también es llamativa: un Luke descreído de la filosofía Jedi, diciendo que la Fuerza le pertenece a todos y que no se trata solamente del bien y del mal. Sería una oportunidad para darle un giro inesperado al personaje, sí, pero por otro lado siento que un Luke anacoreta no podría darse: si él nunca se rindió con su padre cuando incluso sus maestros Yoda y Obi-Wan le exhortaban a matarlo, ¿por qué tiraría la toalla con su sobrino? Conocemos a Luke. Es mucho más estable y menos emocional que su padre Anakin y tiene una predisposición infinita para la bondad. No me termina de gustar, pero la idea puede funcionar, puede ser buena, mas no. Johnson tenía que matar a Luke al final, y con ello dinamitó cualquier esperanza. La muerte de Luke arruinó mi experiencia con esta película. Esperaba verlo mucho aquí, conociéndolo en su etapa más adulta y viéndolo como el mentor de Rey. Esperaba verlo en la continuación de esta película, donde quizás moriría peleando contra Snoke, salvando a Rey o a su redimido sobrino. Como muchos, esperaba distintas cosas, incluso contemplaba la posibilidad de que sea el padre de Rey…

Hubo, valgan verdades, algunos momentos de esplendor con Luke. Su escena con Yoda (Frank Oz) me conmovió hasta dejarme con los ojos vidriosos: el simple efecto de la nostalgia. El legendario Maestro Jedi aparece como un fantasma de la Fuerza para conjurar un rayo que destruye la biblioteca Jedi en el planeta Ahch-To y enseñarle a Luke una última y hermosa lección: que no se rinda ante su fracaso, que lo supere y aprenda de él, pues fracasar es una parte importante de la vida. Es una escena muy bonita, en la que tenemos a un Yoda muy parecido en diseño y estilo al de El Imperio contraataca, representado a través de un títere -y no con efectos digitales como en las precuelas- y hablándole a Luke de forma lúdica y tratándolo como un adolescente. Yoda decide manifestarse para reencaminar a un Luke Skywalker que ha perdido la fe en la Fuerza, en la Orden Jedi y en sí mismo. Es quizás una de las más emotivas escenas de la saga para mí. A pesar del resto de la película.

El otro gran momento de Luke es al mismo tiempo el peor de la película. Es su muerte. Desde la soledad de su autoexilio en Ahch-To, Luke Skywalker genera una proyección de sí mismo a través de la Fuerza en el planeta Crait. Una suerte de “ilusión corpórea” que lucha solo contra los ejércitos de la Primera Orden y al final se encierra en un duelo con Kylo Ren, todo para darles tiempo de escapar a su hermana Leia y a los remanentes de la Resistencia. Cuando ya han huido, un exhausto Luke, habiendo empleado toda su concentración y energía, esfuma su proyección y muere solo mientras contempla el sol, desapareciendo como sus maestros y haciéndose uno con la Fuerza. Así se acaba: un Luke que se redime dando su vida. Otra lectura para su muerte, por otro lado, es perpetuar la leyenda del Jedi que se enfrentó solo a la Primera Orden y así inspirar la rebelión en toda la galaxia. Esto se refleja con los niños huérfanos en el epílogo de la cinta, que recrean la batalla con juguetes hechos a mano. Desafortunadamente, este significado más grande se verá cancelado en la siguiente película, como explicaré más adelante. Pero bueno, sí, así termina el papel del protagonista de la trilogía original y el personaje favorito de millones de personas: muerto de cansancio al usar todo su poder para una distracción en una batalla en el segundo acto de la trilogía, donde jamás blandeó realmente su sable láser, ni acabó la guerra o derrotó a ningún Sith.

La idea me gusta: el viejo mago que genera una ilusión de sí mismo para engañar al enemigo y a su ejército, ayudando a los buenos y dándoles coraje para la última batalla. Parece sacada de algún relato bíblico o fantástico. Encuentro digno del personaje que haya llegado a inefables niveles en el uso de la Fuerza: un Luke Skywalker con esa edad debería ser un Jedi capaz de realizar tales hazañas. Además, la escena es épica, con Luke llegando calmado y sin temor alguno frente a decenas de las temidas máquinas de combate caminantes AT-AT. ¿Pero por qué tuvo que morirse? Es decir, está bien para el arco de Luke que muera salvando a sus amigos, pero eso debería darse al final. Si tenía que morir así entonces esa jugada maestra no debió suceder a medio camino y en su lugar reservarse para el desenlace de la trilogía. O en su defecto, debió usarse para otro personaje. Luke no debió morir cansado luego de un breve truco que sirvió para que escapen sus amigos.

Rian Johnson en la Wondercon, California, 2012 (Créditos: Gage Skidmore).

Quizás mi descontento suene exagerado o caprichoso, pero es una arbitrariedad que Luke haya sido retratado así y lo hayan matado tan pronto como vuelva a ser el Luke que todos conocemos y queremos. No lo vimos batirse a duelo con nadie -sin contar la proyección de la Fuerza- ni hablar con su sobrino con la determinación y comprensión redentora con la que se acercó a su padre. Tampoco lo vimos pilotar su X-Wing o alguna nave donde demuestre sus destrezas. Y quizás lo peor: ni siquiera lo vimos reunirse con sus seres más amados, salvo quizás el breve encuentro con el buen Chewie. Luke Skywalker jamás se reencontró con su hermana Leia ni con su mejor amigo Han. Mark Hamill afirmó que ignorar esa reunión fue un craso error. Y tiene razón.

Se trata entonces de un final en general malo e indigno para tan querido personaje, pero de alguna forma consistente con la historia que Rian Johnson quiso contar en su película: la de un Luke fracasado y arrepentido que al final busca la redención y la encuentra al sacrificar su vida y convertirse en el héroe que todos creen que es. Pero he de repetirlo, solo funciona en el arco planteado para Luke en Los últimos Jedi. Fuera de eso parece otro personaje -como sugirió el mismo Hamill- y eso es una pena.

Por último, está la absurda revelación de la película, buscando emular y burlarse a la vez de la clásica revelación del final de El Imperio contraataca: los padres de Rey no son nadie. Unos olvidables chatarreros alcohólicos que no dudaron en venderla. Star Wars es la historia de los Skywalker, que siempre ha sido un drama espacial sobre padres e hijos. La saga está concebida de tal forma que Rey tenía que ser hija de algún Skywalker, ya sea Leia o Luke. O era la hermana de Kylo Ren/Ben Solo para tener en ambos a los nuevos Jacen y Jaina, los hijos de Han y Leia en el fenecido Universo Expandido; o es la única hija de Luke, y nos contarían una historia más nueva. Muchos saludaron este giro bajo el argumento de que esto es muy novedoso para la saga. Diría que ciertamente es original pero es incongruente con la gran historia detrás, la llamada “Saga Skywalker”.

Podemos atribuir este atropello al discurso de la película, que incluso es proferido textualmente por Kylo Ren: ”deja que el pasado muera. Mátalo si es necesario. Es la única forma de convertirte en quien llegarás a ser”. En otras palabras, olvidémonos de los Skywalker y la tradición que hemos seguido en las otras entregas. Cualquiera puede ser un Skywalker, las castas y herencias no importan y todos pueden ser especiales, fuertes, elegidos para para cambiar el mundo. Luego tenemos esa controversial escena final del niño huérfano que antes jugaba con sus amigos, mirando al cielo en silencio en tanto una escoba levita hacia su mano gracias a la Fuerza. ¿Quién rayos es este muchachito? A quién le importa, ahora todos pueden usar la Fuerza.

Decir que los apellidos o linajes no importan para alcanzar la grandeza -o en el caso de Rey, para ser una Jedi y salvar la galaxia- es un hermoso mensaje, pero la forma en que lo presentan y la revelación que viene con ésta no solo van en contra de cómo está estructurada la saga, sino que además desdice una constante y misteriosa insistencia planteada en El despertar de la Fuerza: la cinta claramente alude mucho al origen de Rey y nos invita a cuestionarnos quién es ella y quiénes son sus padres. Podría incluso decirse que aquello es el trasfondo de toda la película.

Esto y la muerte del personaje de Luke Skywalker desmoronaron mi experiencia en el cine. Dos años después, me descubro en la necesidad de escribir esto. ¿Qué diantres me pasa? ¿Es que acaso mi disgusto raya con un engreimiento imposible? Pienso un poco en el significado de todo esto. Star Wars es un fenómeno que ya le pertenece a distintas generaciones. Muchos de nosotros crecimos con estas películas, las tenemos presentes en nuestros corazones y les profesamos un cariño incondicional a sus personajes. Es algo que trasciende la simple afición por una obra de ficción. Así, el cauce natural de esa situación es aquella que advierte Los últimos Jedi: hemos idealizado nuestra experiencia con Star Wars. Hemos idealizado el pasado. Toca destruirlo. Es una decisión desafiante del director. Desafiante y cruel.

Todo aquí se siente tan ajeno a cómo concebimos Star Wars que simplemente parece otra película. Hay una insistencia tan fuerte por transmitirnos su mensaje que llega a ser ofensiva. Por ejemplo, algo tan extraño como ilógico fue la desconexión con El despertar de la Fuerza. El sendero de la historia cambió drásticamente y las preguntas e intrigas planteadas fueron en su mayoría canceladas o respondidas muy arbitrariamente. En su cruzada por innovar en la franquicia, la película de Rian Johnson rompe las reglas establecidas por Lucas cuando creó este universo y que se han seguido hasta El despertar de la Fuerza.

Así, lo que hace Johnson con la decepcionante revelación del origen de Rey o con la deshonrosa muerte de Luke es lo mismo que ha ido haciendo a través de toda la película: anular lo establecido por Abrams al inicio de la trilogía y de paso insultar la mitología de Star Wars.

 

Historias que se descartan (o la gota que colmó el vaso)

Star Wars: Episode IX – The Rise of Skywalker (El ascenso de Skywalker)

La última instalación de la saga terminó de convencerme de que estas tres películas no son una trilogía para nada. En Sudamérica le llamamos mazamorra a una mezcla líquida de gran espesor hecha en base de maíz. En Perú, donde se suele hacerla con nuestro tradicional maíz morado, le llamamos también mazamorra a una mezcolanza de ideas o elementos carente de todo método u orden. Un revoltijo total, como El ascenso de Skywalker. Rian Johnson generó un desorden tan desmedido con su película, que cuando le tocó a J. J. Abrams retomar la batuta, no supo por dónde ir y no le quedó otra más que transformar su película en una gran mazamorra. Una mal hecha.

Mi experiencia en el cine con esta película fue ciertamente distinta que la anterior. Tras la decepción de Los últimos Jedi y el aburrimiento general que ha provocado Disney con sus películas, dibujos animados, cómics, libros, ropa y juguetes y demás merchandising de Star Wars, ya no me importaba en lo absoluto. Veía los tráileres de la película por obligación cinéfila o de fanático pero mis expectativas eran las más bajas posibles. Creo que por eso salí del cine relajado. Había visto una película que me hizo reír en muchas ocasiones, que tuvo el despliegue más vulgar de fan service visto en una película de Star Wars -pero aun así me conmovió con algunos de sus excesivos guiños-. El ascenso de Skywalker me pareció en general una historia descabellada e informe, pero muy entretenida. La mejor de una trilogía de malas películas, pensé en su momento. Ahora que han pasado las semanas y he tratado sin éxito de comprender o justificar el curso que da la historia en esta película, pienso que es la peor.

¿Qué la transforma en una mazamorra? Empecemos retomando a los tres protagonistas de la trilogía original. El ascenso de Skywalker está repleta de alteraciones, contradicciones o reinterpretaciones de hechos previamente establecidos en la película anterior, es decir, casos de “retrocontinuidad” o retcons. Uno de los más brutales es el hacer que el infame sacrificio de Luke y el final de Los últimos Jedi no valgan nada. Su muerte significó en gran parte la inspiración que uniría a los ciudadanos de miles de planetas contra la Primera Orden y al inicio de esta película la Resistencia sigue siendo un grupo de veinte personas. Esta convocatoria sideral termina dándose en la última batalla gracias a Lando Calrissian (Billy Dee Williams) de forma muy aleatoria y gratuita. ¿Por qué el último acto de Luke no tuvo ningún impacto? Además, Luke casi no es mencionado en esta película y su versión como fantasma de la Fuerza solo aparece uno o dos minutos en una escena por lo general olvidable. Si la primera y segunda entregas de esta trilogía están muy relacionadas con Luke Skywalker -una gira alrededor de buscarlo y la otra lo tiene como uno de sus protagonistas-, ésta lo ignora casi del todo. Nos da la sensación de que El ascenso de Skywalker es una película aparte, y aquello incrementa la desconexión.

Póster oficial de “The Rise of Skywalker”, 2019 (Créditos: Lucasfilm/Disney).

Es cierto que Carrie Fisher ya no estaba presente durante la filmación de esta película, y ya habían anunciado que usarían material grabado de las anteriores para sus escenas, mas no puedo dejar de preguntarme, ¿esto es lo mejor que pudieron hacer? Leia ya estaba muy débil desde el inicio de la película y no sabemos por qué, mas podría intuirse que es por el intenso uso de la Fuerza que hizo en Los últimos Jedi para sobrevivir a su expulsión al espacio. En esta película parece morir en un momento de profunda conexión psíquica con su hijo Ben Solo. A través de la Fuerza, Leia le transmite su amor y luego expira casi al mismo tiempo que Rey le propina una estocada mortal a su hijo. Como su hermano Luke, parece que muriera por un agotamiento espiritual posterior al uso de la Fuerza. Todo se siente muy vago y confuso y lejos de ser emotivo: nunca sentimos nada por Ben Solo en este momento, a quien conocemos poco, y tampoco existe escena alguna en la trilogía donde madre e hijo interactúen y los apreciemos juntos, siquiera como flashback, impidiendo que nos identifiquemos con su relación y por ende con esta escena. Sé que la idea era dedicar y despedirse de un personaje de la trilogía original por película, pero esta muerte se siente hasta innecesaria. Quizás hubiera funcionado mejor que tan solo le den menos tiempo en la pantalla a Leia y la alejen del argumento central, como ha habían hecho en las cintas anteriores. Dejar a la libre interpretación la muerte de otro de los más amados personajes de la saga es una terrible decisión.

Además, la película da por sentado que Leia es una Maestra Jedi. ¿Cuándo pasó esto? Sabemos de su gran sensibilidad con la Fuerza y que tiene facultades dignas de Superman, como vimos en Los últimos Jedi, pero jamás nos explicaron o dieron a entender que había completado un entrenamiento, y aquí ya está entrenando a alguien. Una escena rara por ser tan molesta como bella es aquel flashback tan nostálgico de los jóvenes hermanos entrenando: la magia de verlos es temporal, pronto nos damos cuenta de que la escena solo sirve para informarnos que Leia fue entrenada y que su sable láser estaba en poder de Luke. Otra vez todo forzado y explicado tan de pronto y con apremio. Aunque debo admitir que Chewie llorando y lanzando alaridos de dolor al enterarse de su muerte fue algo muy bonito y emotivo.

Si hay algo que no entiendo en lo absoluto en El ascenso de Skywalker es la presencia de Han Solo. El padre de Ben y esposo de Leia hace una última aparición luego de la muerte de Leia para convencer finalmente a su hijo de que abandone el Lado Oscuro. Pero Han Solo murió en El despertar de la Fuerza. Y no es un Jedi ni tampoco tiene sensibilidad con la Fuerza, ¿entonces qué está pasando? Un Harrison Ford feliz de despedirse de su personaje para siempre le revela al otrora Kylo Ren que es una memoria. Su memoria. ¿Ben Solo está interactuando con una memoria de su padre, qué es esto? Quizás me falta cierta sensibilidad para entender la escena. O quizás Ben Solo está alucinando y tanto caos interior le ha despertado ciertos rasgos de esquizofrenia. Ni idea. En toda la tradición de Star Wars solo los Jedi que han dominado el crepuscular arte de hacerse uno con la Fuerza pasan a convertirse en fantasmas de la Fuerza después de la muerte, teniendo la posibilidad de manifestarse en cualquier parte e interactuar con los vivos. Podría traducirse como una suerte de inmortalidad. Solo ellos, entonces la aparición de Han Solo, por más que nos den la burda y vaguísima justificación de que se trata de una memoria con autonomía, no tiene sentido. Se siente raro, no parece de Star Wars -otra vez-. El despertar de la Fuerza hizo algo muy ajeno a la saga introduciendo flashbacks, algo que nunca vimos en las dos trilogías precedentes. Algo riesgoso, pero que se puede aceptar. ¿No hubiera sigo mejor hacer un flashback de Ben y su padre en el pasado, alguna conversación profunda que tuvieron antes de que se pase al Lado Oscuro? Ello hubiera sido menos fuera de contexto.

Aquí debo incidir con un tema que ya toqué en las muertes de Han y Luke: es triste saber que ninguno de estos tres protagonistas tan amados desde hace cuarenta y tres años se volvió a reunir en esta trilogía, ni estuvo presente en la muerte del otro. Han es asesinado por su hijo y cae al abismo. Luke se entera una película después, su reacción es casi nula y muere de cansancio, solo sobre un peñasco. Leia lo hace de forma similar pero acompañada de unos cuantos desconocidos, el resto de la Resistencia. Nadie dice nada, nada pasa con ellos luego. Al contrario: los emplean a lo largo de la trilogía -y en especial en la última- para rellenar o cubrir inconsistencias en el guion. Soluciones apremiadas en las que les faltan el respeto a los personajes clásicos.

Abrams y BB-8 en el Montclair Film Festival (Créditos: Neil Grabowsky).

¿Y qué decir del nuevo reparto? No son malos actores y no son malos personajes -al menos no tan malos-. Pero no nos atrapan, no encantan, no termino de sentir que se está pasando la antorcha. Por otro lado, se les ve muy bien juntos: hay una química entre Rey, Finn y Poe, desde sus monosilábicos nombres hasta sus personalidades y diálogos. Podría imaginarme una serie o dibujo animado de los tres teniendo aventuras por el espacio. Es divertido verlos como la nueva crew del Halcón Milenario, junto a Chewie y los androides.

Poe Dameron sigue siendo el más aceptable de los tres, a pesar de que su personaje en El ascenso de Skywalker irrite por momentos al parecerse demasiado a Han Solo. Tiene un desarrollo: descubrimos que era un traficante de spice -la droga de Star Wars– y que tiene una exnovia, la misteriosa Zorii Bliss (Keri Russell), lo cual elimina la esperada unión romántica con Finn, una teoría muy popular del fandom en Internet. Finn sigue pasando desapercibido. Fuera de ser un personaje gracioso por momentos y de haber conocido un grupo de stormtroopers desertores como él con el que podría identificarse y profundizar su personaje -pero no lo hace- nada le sucede. A través de la película se le ve muy preocupado por Rey y en un momento crucial, creyéndose a punto de morir, parece que intenta confesarle su amor mas no lo logra. Abrams y el mismo Boyega afirmaron en sus redes sociales hace unas semanas que Finn no iba a declararle sus sentimientos: quería contarle que él también tiene sensibilidad con la Fuerza. ¿Qué? Hay escenas donde Finn siente la presencia de Rey, incluso su muerte, pero jamás se explora esto. ¿Y por qué querría ocultarle aquello a Poe? Nada tiene sentido.

Rose Tico fue deliberadamente relegada en esta última entrega de la trilogía. Tiene menos de dos minutos en la pantalla y ni siquiera retornaron a la posible relación amorosa que empezaría con Finn; es más, crearon otro personaje como compañera de aventuras y supuesto interés amoroso para Finn, Jannah (Naomi Ackie), otra desertora de la Primera Orden que aparece muy poco y demasiado tarde y me tiene sin cuidado. Pienso que si no querían continuar con el personaje, ya sea sola o como pareja de Finn, lo mejor hubiera sido que Rose muera al final de Los últimos Jedi: así ella hubiera acabado su arco comprendiendo y repitiendo el destino de su hermana y al mismo tiempo le hubiera enseñado una lección de amor y heroísmo al incauto Finn.

Quizás una de las pocas cosas que El ascenso de Skywalker  ha hecho bien es darnos a uno de los mejores C-3PO (Anthony Daniels) de todas las nueve películas. 3PO fue prácticamente ignorado en las precuelas y tuvo sus momentos de mayor esplendor en El Imperio contraataca y El retorno del Jedi. Su representación en esta película es tan divertida como en esas dos, o incluso más: sus líneas figuran entre las más hilarantes y su arco es crucial para el argumento. De esto hablaba líneas arriba: si ya tienes excelentes personajes que existen hace cuarenta años a tu disposición, úsalos y no inventes cosas raras como Holdo y su maniobra suicida.

El muy anunciado y esperado retorno de Lando Calrissian a la saga fue fascinante. La expresión de su rostro, sus risas mientras pilotaba el Halcón Milenario junto a Chewie, son uno de los ejemplos de gran fan service con los que la película quiere cautivarte. Son sensacionales, mas no justifican todo el caos que entraña la película. Si hay algo que me extrañó entre tantas referencias y momentos nostálgicos fue que no nos mostraron ningún reencuentro entre Lando y el alienígena sullustano Nien Nunb (Mike Quinn), su recordado copiloto en el Halcón Milenario durante la Batalla de Endor, en El retorno del Jedi. Ambos se hallaban en la misma reunión de la Resistencia para planear el ataque y hacia el final de la película participan juntos en el combate espacial. ¿Por qué no intercambiaron diálogo alguno? Podría decirse que Lando solo está en la película para encantarnos siendo Lando, pero es en esa misma última contienda que su rol supuestamente cobra importancia, al traer una flota de naves de simpatizantes de toda la galaxia y hacer que se sumen a la Resistencia. Una escena que no sirve para nada pues esta trilogía torna inanes todas las batallas espaciales.

Entre los cameos más entrañables tenemos el regreso del afamado piloto de la Alianza Rebelde Wedge Antilles (Denis Lawson). Meses atrás había leído rumores de que Lawson repetiría su papel pero lo olvidé por completo. Cuando vi a Wedge pilotando su nave no pude evitar gritar su nombre en el cine, emocionado. Éramos diez personas en la última función de domingo y Wedge me había revelado como un escandaloso, encandilado adulto repentinamente retornado a la niñez. Ver al ewok Wicket (Warwick Davis) fue más irrisorio que sublime, pero me dejó sonriente. Estos cameos eficientes son un abuso de la intertextualidad que es bienvenido entre tanta incongruencia -como un placer culposo- como lo es también ver a Rey manejando el X-Wing de Luke con el casco incluido o ver al querido wookie Chewbacca recibir por fin la medalla que merecía y no ganó en Una nueva esperanza. Quien le otorga ese premio es Maz Kanata, personaje que sobra en El ascenso de Skywalker y del cual no se resuelve ninguna de sus llamativas intrigas planteadas en El despertar de la Fuerza. Un desperdicio acaso comparable al del General Hux (Domhnall Gleeson), quien es ejecutado de inmediato luego de revelarse como espía de la Resistencia.

Gran parte del elenco de “The Force Awakens” en la Comic-Con de San Diego, 2015 (Créditos: Gage Skidmore).

Toca mencionar el que tal vez sea el mayor desacierto de la película: el regreso del Emperador Palpatine (Ian McDiarmid). Desde que anunciaron su retorno en uno de los últimos tráileres, sabía que se avecinaba un gran despropósito. Revivir a Palpatine no fue algo que Kathleen Kennedy y J. J. Abrams tenían premeditado desde El despertar de la Fuerza, como han dicho hace poco. Eso es una mentira. Basta ver a El ascenso de Skywalker para darse cuenta de que fue una decisión desesperada de último minuto. Rian Johnson mató a Snoke súbitamente y sin ningún plan aparente sobre hacia donde seguiría la historia en el siguiente episodio. Con ese escenario, Abrams y el otro guionista, Chris Terrio, quedaron entre la espada y la pared. Necesitaban un villano y no se les ocurrió mejor idea que traer de regreso al Emperador. El resultado es tan predecible como ridículo.

No me malentiendan. Palpatine es un gran personaje y el villano por antonomasia. Jamás creí que volvería a ver a McDiarmid repitiendo su excelente papel, ese ser profundamente malévolo, sin ningún conflicto. ¿Pero qué pasa cuando vemos a Palpatine repetir sus planes e incluso sus líneas de El retorno del Jedi o La venganza de los Sith? ¿Qué pasa cuando no tienen una idea precisa de cómo regresarlo? “¡Los muertos hablan!” recita el texto de apertura al inicio de la película, “la galaxia ha escuchado una transmisión misteriosa. Una amenaza de venganza en la siniestra voz del fallecido Emperador Palpatine”. La cinta se torna en una broma de principio a fin. Nos dan a entender que el Emperador sobrevivió a la Batalla de Endor y ha estado todo este tiempo refugiado en el planeta Exegol, bajo el cuidado de una secta de fanáticos de los Sith. ¿Qué quiere el Emperador? Lo mismo de siempre: conquistar la galaxia, pero esta vez además pretende poseer el cuerpo de Rey para rejuvenecer y traer de vuelta a los Sith… Suena todo demasiado vago y barato.

La muerte de Snoke fue uno de los momentos más estúpidos de Star Wars, y generó el regreso del Emperador, que al mismo tiempo se encargó de explicar a Snoke: Palpatine nos revela que Snoke no era más que un títere, una figura que él usaba desde el inicio para poder manipular a Ben Solo y a la Primera Orden tras bambalinas. Mientras dice esto nos muestran un tanque de agua con múltiples clones amontonados de Snoke. Abrams empleó el recurso más fácil, decirnos que Snoke era una suerte de clon -desfigurado, ni idea por qué- del Emperador. Esto nos recuerda a la historia barata de los clones del Emperador o a ese tipo de novelas de Star Wars con ideas flojas de la primera época del Universo Expandido. Debieron haber desarrollado a Snoke y hacerlo un villano perfecto para el final; o presentarnos el regreso de Palpatine desde el inicio de la trilogía. Se nota que no hubo una sintonía entre los realizadores y por ende, tampoco un plan. Lo dijo el mismo McDiarmid: George Lucas nunca hubiera resucitado a Palpatine.

Así llegamos a Rey. Ella casi no tiene un verdadero arco dramático en esta película. Tratan de representarla con una gran confusión y dilema sobre quién es y de qué lado está, ¿no proponía Los últimos Jedi que los orígenes no importaban? Pues Abrams nos grita en esta película que Johnson se equivocó: los orígenes sí importan, especialmente el de Rey, ¡es una Palpatine! Rey es la nieta del Emperador. Rey Palpatine. Parece una broma. Meses atrás me contaron que se había filtrado este rumor por Reddit y me reí, me parecía una ridiculez imposible y la olvidé en el acto. Se trata de una revelación completamente distanciada del arco de Rey en las dos primeras películas. Algo que no se siente un efecto natural de la narrativa de esta trilogía en lo absoluto, y más si se considera el ya crucial cambio de ella en la película anterior.

Digo que Rey carece de un arco en El ascenso de Skywalker porque no hace nada. Todo el tiempo la vemos corriendo de un planeta a otro, buscando McGuffins con sus amigos o lanzándose al duelo contra Kylo Ren. Además, los intentos de conflictos u obstáculos que se le presentan son inexistentes: ya sea la culpa por las falsas muertes -Chewbacca- o casi matar a alguien a quien curas de inmediato -Kylo Ren-, nada de lo que se lamenta tiene un efecto verdadero en el argumento de la película ni en ella misma. Ella sigue tan perfecta y sin claroscuros como la han mostrado en las instalaciones anteriores. Ni siquiera ha perdido un miembro en sus duelos, algo que para no pocos es una tradición de Star Wars: Anakin perdiendo primero un brazo y después el resto de extremidades, Vader cercenando la mano de Luke antes de revelarle que es su padre. Como observó acertadamente un amigo cercano con quien discuto la saga “Anakin era el Elegido, gran mecánico, piloto, guerrero y espadachín, y en su trilogía solo ganó un duelo. Luke era la nueva esperanza, el último Jedi y un buen piloto, y en su trilogía no ganó ningún duelo a excepción del breve momento donde venció a Vader utilizando el Lado Oscuro, para luego arrojar su sable y rendirse, afirmándose como Jedi. Rey, gran pilota, mecánica, guerrera, espadachina, ganó todos los duelos en los que lucho en su trilogía, pero nunca perdió nada realmente, no la conocemos y no podemos identificarnos con ella, y por ende su personaje nunca avanza”. En efecto, a diferencia de Anakin y Luke, cuyos sueños y conflictos los volvían cercanos desde el inicio, Rey ha estado imbuida en misterio desde El despertar de la Fuerza: no sabíamos quién era ni de dónde venía, pero ella tampoco lo sabía y no encontraba respuestas, o al menos no muy concretas o satisfactorias. Eso no nos permite conocerla mejor.

Por último, Rey cogiendo el apellido de sus maestros y volviéndose la última Skywalker es otro desmedido despropósito que continúa deshaciendo el discurso de la película anterior, lo cual genera muchas inconsistencias a nivel de la trilogía, y además rompe la lógica establecida en la saga. Pero ya he hablado suficiente de esto.

La gran Carrie Fisher en la Comic-Con de San Diego, 2015 (Créditos: Gage Skidmore).

Me apena un poco que se haya desperdiciado al notable actor que es Adam Driver. Estos últimos años lo he visto en muchas otras cintas donde deslumbra, como no sucede en Star Wars, aunque podemos ver que hace un esfuerzo por otorgarle algo de poder al personaje. Fuera de mis conflictos de fan geek apropiado de sus personajes más queridos, que me impiden perdonarle haber matado a Han Solo, sigo sin convencerme con Ben. Esperaba su redención y me gusta verlo pelear junto a Rey y blandeando un sable láser azul, pero de nuevo es la ejecución la que se torna poco creíble, como ya comentamos antes, con la ilusión de su padre o un abrazo mental de la madre -llamémoslo así- y los encuentros con Rey. Por otro lado, sabiendo en esta película que él es el último Skywalker y Rey una Palpatine, no se siente normal, de alguna forma, verlo relegado a un personaje casi secundario. La súbita revelación de su interés amoroso hacia Rey, tocada brevemente, justo antes de su muerte, me parece una tontería digna de un fan fiction que reduce la complejidad de su relación con Rey. 

Tanto Rey como Ben Solo conllevan a mencionar el Force healing, la habilidad de curarse a sí mismo o a otros mediante el uso de la Fuerza y que en niveles extremos podría revivir a una persona a costa de la propia vida. Se trata de un fenómeno importante que recién se explora en esta película. Siento que ya las posibilidades con la Fuerza en esta trilogía son ilimitadas. ¿Por qué ni Yoda, Obi-Wan, Anakin o Leia podían hacer esto? Si es algo que Rey aprendió con los libros sagrados que robó de la biblioteca Jedi en Ahch-To, ¿entonces por qué Luke no lo sabía? ¿Y por qué Ben Solo también puede hacerlo, quizás por el vínculo especial que comparte con Rey, la llamada Díada en la Fuerza? ¿Es la misma habilidad desarrollada por Darth Plagueis y que mencionaba Palpatine en La venganza de los Sith? Podría atribuir su secretismo a la gran dificultad que implica realizar esta técnica probablemente prohibida. No explican nada y eso alimenta la idea de que el uso de la Fuerza representado en esta trilogía es vago y poco creíble dentro de la saga tal y como la conocemos. De nuevo, todo parece extraído de un fan fiction.

Una película no tiene que explicarlo todo, cierto misterio siempre es bienvenido, pero en la trilogía de Star Wars de Disney existen demasiadas interrogantes que no se llegaron a responder y le quitan solidez a la historia. Por ejemplo, ¿cómo puede el X-Wing funcionar después de tantos años sumergido y sin un droide astromecánico como R2? ¿Es Jannah hija de Lando? ¿Quién reparó el sable láser azul de Luke -que en realidad es de Anakin, algo que esta trilogía parece ignorar? Qué pasó con el clásico sable láser verde de Luke que solo vimos en un flashback en Los últimos Jedi? ¿Cómo creó Rey su sable láser amarillo? ¿Y qué hay de ese beso entre las dos chicas miembros de la Resistencia durante la celebración final? Un intento forzoso de Abrams y Disney de mostrar su cuota de corrección política. Si tanto buscan la aprobación de la comunidad de fans, ¿no hubiera sido mejor y más orgánico acatar sus deseos y hacer que Poe y Finn sean una pareja homosexual? Parece que hubiesen agregado a Jannah y a Zorii Bliss para desmentir definitivamente la relación sentimental entre ambos protagonistas masculinos. El Star Wars gay kiss no aporta nada a la historia, tan solo les sirve a los creadores para decir que son inclusivos o apoyan la diversidad. Totalmente gratuito.

El ascenso de Skywalker es un paradigma del caos a nivel creativo. A diferencia de Lucas, Abrams nunca mantuvo un control o dejó pautas severas de hacia dónde iba la trilogía tras la primera película, todo dio un giro copernicano en la segunda y para la última solo queda enmendar, arreglar el desastre como se pueda. Y es que honestamente, a pesar de ciertas decisiones temerosas que reflejan el miedo a innovar y sorprender a los seguidores, esto es lo mejor que se pudo hacer luego de cómo Rian Johnson dejó la trilogía. Además de no saber acabar sus historias, por más buenas que sean, como sucedió con el polémico final de su popular serie de televisión Lost, Abrams peca aquí también de una indignante falta de imaginación. En cierta manera, se entiende que El despertar de la Fuerza sea tan parecida a la primera película de la saga, un homenaje para volver a adentrarse cómodo en este universo tras tantos años, pero que El ascenso de Skywalker, el “nuevo” final de la saga Skywalker sea tan poco original, tan derivada de la trilogía clásica, un calco vulgar del anterior final en El retorno del Jedi, eso es imperdonable.

En efecto, Abrams se fue por el camino seguro, ya conocido para él: calcar El retorno del Jedi. Porque eso es, un calco inferior, inconsistente y algo absurdo del sexto episodio de la saga. Al final de la trilogía, que culmina en una pacífica y emotiva celebración de la Resistencia, igual que los Rebeldes en Endor, tenemos a la galaxia en el mismo estado en que la dejó El retorno del Jedi: el Emperador Palpatine ha muerto -esta vez para siempre, espero-, se ha restaurado la paz, la República y la Orden Jedi deben refundarse. Todo es lo mismo, solo reemplacemos a Luke, Leia y Han por Rey, Finn y Poe. No aporta nada nuevo. Un lamentable refrito.

Este refrito, no obstante, se pasa la película entera haciendo algo muy evidente que hace más floja la trilogía pero no deja de ser interesante -y en ocasiones gracioso, dependiendo del espectador-: darle la contra a las ideas propuestas por Johnson. A veces parece como si toda la película fuera una crítica o amonestación a su predecesora. Un buen ejemplo se halla en la escena con el fantasma de Luke. Una Rey en pánico busca autoexiliarse y lanza el sable láser al fuego, solo para ser cogido por su difunto maestro, quien le dice: “el arma de un Jedi merece más respeto”. Una referencia a cómo él arroja el mismo sable al acantilado al inicio de Los últimos Jedi. Abrams se las arregla una y otra vez en intentar decirnos que Johnson se equivocó. La película niega o cancela o reinterpreta los sucesos de la anterior a tal nivel que podría obviarse esa película. Si el texto de apertura agregara la línea “el Maestro Jedi Luke Skywalker murió hace un año dando la vida por sus amigos y Kylo Ren asesinó a Snoke y se autoproclamó el nuevo Líder Supremo” o algo similar, no habría necesidad laguna de ver Los últimos Jedi. Ciertamente no es una trilogía.

George Lucas y J. J. Abrams (Créditos: Joi Ito).

No obstante, hay que admitir algo: Rian Johnson tenía una visión de lo que quería hacer y estaba comprometido con su idea, sin importar de que ésta sea un daño para la narrativa de la franquicia. J. J. Abrams denota lo opuesto: quería salir rápido del problema y estuvo presto a hacer una película supuestamente de consenso, para tratar de agradar a todos los seguidores de la saga y no dividirlos como la anterior. El ascenso de Skywalker busca encantarnos con sus referencias a la trilogía original y se siente demasiado apremiada, suceden tantas cosas y no tienen tiempo de explicar nada. Es como si fuesen los dos últimos episodios de la saga juntos. Trata de atraernos  con giros en la trama que al final se sienten engañosos y no son relevantes, como las “falsas muertes” de Chewie, 3PO -cuando le borran la memoria- Ben o Rey, por nombrar un ejemplo. Mi impresión inicial con El despertar de la Fuerza acabó por confirmarse: Abrams tenía la valla demasiado alta para continuar la saga, y se le fue de las manos.

Es rarísimo que problemas tan grandes sucedan en una película de Star Wars. Me hace pensar en un grupo de  universitarios estudiantes de cine, entusiastas que quieren hacer una película pero no saben por dónde conducir la historia y acaban estropeándolo todo. Una experiencia de amateurs, pero estamos hablando de un estudio de Hollywood. Esta trilogía propuso cincuenta preguntas en la primera película, suprimió y contradijo esas preguntas en la segunda y estableció otras y en la última entrega trató de enmendar el desorden y revalidar las primeras preguntas, por lo general con respuestas poco satisfactorias. Es una pena que incluso con tanto por dónde coger, décadas de novelas, cómics, series animadas y videojuegos que han conformado el Universo Expandido, hayan terminado en esto. Diría que El ascenso de Skywalker es una película muy entretenida y con buenas dosis de nostalgia, funcionando bien a nivel emocional al menos en un primer visionado, pero terriblemente floja a nivel de argumento y personajes, llegando a momentos irrisorios. Un desastre.

 

El sendero de cada fan

Soy un fan viejo de Star Wars. No pertenezco a la primera generación de fans, es decir, no fui al cine de niño con mis padres en 1977 a ver Una nueva esperanza. No había nacido. Vi la trilogía original muy de niño durante el primero lustro de los años ’90 gracias a mis hermanos mayores, y crecí con ella, a diferencia de muchos de mis contemporáneos, que descubrieron la saga años más tarde gracias a las precuelas. Pero eso no importa. Ninguna de estas formas de descubrir y contemplar Star Wars es mejor que la otra. Hoy incluso hay fans que descubrieron la saga a través de los dibujos animados o los juguetes. Pienso en los niños que están yendo al cine a ver El ascenso de Skywalker. Toda una nueva generación de seguidores muy diferentes a mí. ¿Crecerán acompañados de esta historia tan especial? No lo sé. Veo difícil identificarse y abrazar con fuerza estas nuevas películas. Me imagino que los nuevos fans no cultivarán un afecto muy grande, Star Wars no se quedará con ellos mucho tiempo. Agradezco la experiencia de haber visto las películas originales de niño y haber crecido yendo al cine a ver las precuelas. Ambos eran mejores tiempos para ser un fan de Star Wars. Pero a lo mejor me equivoco. Ojalá, pero lo dudo mucho.

¿Por qué ha pasado esto? La historia detrás de estas tres películas es tan triste como curiosa.  J. J. Abrams la tuvo difícil. ¿Podemos culparlo? Pues la responsabilidad recae sobre él, ciertamente, mas también sobre Kathleen Kennedy, Bob Iger, Disney en general, guionistas como Chris Terrio o Lawrence Kasdan -que regresó para participar en El despertar de la Fuerza-, y por supuesto, Rian Johnson. ¿Pero vale la pena zambullirse en discusiones y campañas de odio virtuales por esto? Para nada. Este resultado duele, lo admito, y genera mucha indiferencia para el futuro de la franquicia, pero hay que tener en claro que estamos hablando más de películas que de historias, que se trata en gran parte de una industria y que, mientras genera ganancias, continuará, para bien o para mal.

Antes de concluir, quisiera hacer una pequeña digresión en torno a la trilogía de precuelas. Todos sabemos de sus muchas falencias y de los problemas de George Lucas para dirigir y trabajar con los diálogos, pero, digan lo que digan, las precuelas tenían una plan perfectamente mapeado. Lucas sabía a donde iba a conducir su historia de principio a fin: una gran fábula de cómo el mal encarnado en la peor corrupción podía surgir desde adentro y apoderarse de una república. También contaron el origen de Darth Vader y deconstruyeron su personaje para revelarnos sus conflictos y vulnerabilidades. Esto está presente de forma orgánica durante las tres películas, por más que las dos primeras no sean realmente buenas. Además, las precuelas expandieron sobremanera la mitología de Star Wars con conceptos como la profecía del Elegido, la Orden Jedi, el Senado Galáctico, los Sith, incluso ideas impopulares como los midi-chlorians. Lucas no es el mejor escritor del mundo, pero fue muy original y ordenado, y tenía una visión y una historia que contar. Si bien no me parece perfecta, nunca me consideré un detractor de esta segunda trilogía, me gusta mucho La venganza de los Sith, pero el intento de Disney de hacer una tercera me ha llevado a reflexionar sobre esto y a apreciar más las precuelas.

El panorama para Star Wars es rico. Imagino que los spin-off y las series de televisión continuarán, y desconfío mucho del trato de Disney con la franquicia, pero imagino que ocasionalmente algo bueno surgirá entre tanto desastre. Pero la saga oficial, la fundacional historia de los Skywalker, me da pena. Es complicado decirlo pero esa historia tan desastrosa fue lo mejor que pudieron hacer, y es una desilusión. ¿Volvería a ver la trilogía de Disney? Quizás. Lo dudo. Al menos estoy seguro de que no las incluiría en ninguna maratón.

Todo esto me remonta a un momento de la infancia: de niño era un casi un adicto al anime Dragonball, y años después, en mi adolescencia, volví a ver la última serie que sacaron sin el creador Akira Toriyama, Dragonball GT, y confirmé que no me gustaba. Con el tiempo decidí “cancelarla” de mi canon: siendo una mala historia no firmada por Toriyama, GT ya no existiría para mí. Hace poco decidí que esa es la posición que tomaré con Star Wars. Hay muchos cineastas y guionistas talentosos, y Lucas no tiene que dirigir las películas de Star Wars para que sean maravillosas, pero debe estar involucrado, debe estar siempre detrás, debe ser su historia. Si no es con el padre de Star Wars, no es parte de mi canon. Star Wars termina en El retorno del Jedi. Un final perfecto para una gran historia.

Que la Fuerza los acompañe.

El trio de leyenda. Harrison Ford, Carrie Fisher, Mark Hamill, y Gary the Dog, 2015 (Créditos: Albert L. Ortega).

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