Boris Bally: un artesano de la chatarra

Arte, Diseño industrial, ENTREVISTAS y PERFILES, Reciclaje - Diego Olivas Arana - 30 Abril, 2020

Boris Bally (Créditos: Aaron Usher III / www.borisbally.com).

Abanderado del diseño industrial consciente y del reciclaje, Boris es un artista que ha realizado un matrimonio implacable entre su obra y su familia. Su hogar en Providence, Rodhe Island, está invadido de señales de tránsito y objetos ‘reutilizados’ de todo tipo.  Una casa con todas las formas y colores, acaso ordinaria desde la calle, mas toda una revelación al entrar y encontrarte con lámparas hechas con cascos de obreros o la parte superior de una camioneta y sus reflectores instaladas en el techo del comedor.

*** Una primera versión de este texto fue publicada en ARQ., la revista de arquitectura, urbanismo y arte de la Editorial Comunica2 (Edición #43, 2016).

 

Boris sale de la mini van ahorradora de gas que conduce siempre para conseguir su material de trabajo y gira su gorro con visera hacia atrás, preparándose para la faena. Su asistente, Curtis Aric, hace lo mismo desde el asiento del copiloto. No es la primera vez que arriban al basurero central de Providence. Boris visita periódicamente ese y otros depósitos de chatarra locales, siempre en busca de señales de tránsito, señalética u otros objetos reciclables. Pronto regresan con grandes fragmentos de señales, junto a algunos chatarreros. Boris se remanga la camiseta, preparándose para levantar las nuevas adquisiciones, descubriendo un gran tatuaje que recorre todo su antebrazo derecho: unos dragones chinos batallando en un cielo nocturno. Camino a casa, con Curtis al volante, conversan sobre las sillas que tienen que terminar, hechas con señales de autobús, cuando de pronto Boris repara en algo difuso y brillante. Curtis retrocede, a pedido de Boris, quien desciende del vehículo y se aproxima hacia la hierba adyacente a la autopista. Se trataba de un cartel metálico, abandonado en medio de la nada y emitiendo un intenso resplandor. Era una tarde soleada. Boris lo recoge y lee las palabras en fondo rojo: wrong way (camino errado). Regresa y lo introduce en la maletera. Un ademán del artista es suficiente para que Curtis encienda el motor y reemprendan el viaje. Boris sonríe para sí mismo. Ha sido una buena jornada, y además se había topado con esta olvidada señal de tránsito sin buscarla, cuya brillantez advirtió su presencia al reciclador y lo atrajo. Lo había buscado en el camino, como si supiera que junto a él le esperaba un nuevo renacer. 

Obra de Boris Bally (Créditos: Steve Mason / www.borisbally.com).

Desde su habitación en Providence, Boris nos relata esa extraña eventualidad. Él sabe que no está recorriendo ningún camino errado. El reciclaje y el diseño son el motor de su vida. La devoción por el reciclaje se gestó desde su infancia en Pittsburgh, Pennsylvania, donde sus padres, en lugar de llevarlo al zoológico, lo paseaban por todos los basureros distritales de la ciudad. “Es cierto que de joven estuve aprendiendo y trabajando como orfebre en todo tipo de metales y madera en Suiza, pero quienes cultivaron esto en mí fueron primero mis padres, ellos migraron de Zúrich en los ’60. Allá todos tienen un estilo de vida muy consciente, reciclan desde hace años y siempre lo harán. Nuestro family motto, que ahora es el de mi esposa e hijos, es el mismo: úsalo, gástalo, hazlo durar y tíralo”.

De acuerdo al diseñador industrial estadounidense Phil Renato, su compatriota Boris Bally es “un diseñador industrial capaz, un artesano dotado, un astuto negociante, un escultor exigente y un agudo crítico cultural”. ¿A qué persona se le pueden atribuir tantas virtudes? La amalgama de elementos con los que Boris trabaja es insondable: metales preciosos y no preciosos, señales de la calle abandonadas, partes de armas, fragmentos de vehículos, cubiertos viejos y demás despojos —algunos peligrosos— de la ciudad. Sirviéndose del uso de metales y de su talento como joyero y orfebre (fortalecido en su año de estudios en Basel, Suiza, en 1979), ha desarrollado un estilo innovador e ingenioso, que mediante el diseño industrial ha transformado el reciclaje en una aventura cromática desbordante.

“La obra de Boris busca darle otra vida a distintos objetos de la calle —con énfasis en las señales—  y así reflejar la estética urbana del país en su forma más verdadera, distorsionando a su vez el orden de las cosas a través de su arte”, afirma Renato. Bally, por su parte, considera la exploración continua de materiales extraños y comunes como un intento de romper los límites establecidos entre el diseño y el arte. Sus sillas y mesas fabricadas en base a señales han viajado por todo el mundo, obteniendo diferentes galardones y menciones en premiaciones como el Eco Arts Awards, Forbes Magazine o la New York Foundation for the Arts, entre otros, además de exhibiciones alrededor de Estados Unidos y países como Korea, Japón, Inglaterra o Francia. Transit Chairs (sillas de tránsito) es su proyecto más afamado.

Una menorá o candelabro hecho de armas (Créditos: Aaron Usher III / www.borisbally.com).

Los diseños de Boris fluctúan entre lo excéntrico, pasando por lo sofisticado hasta lo meramente gracioso (como esa bandeja en la que dice Not ass —no culo—, proveniente de una señal de Do not pass —no pasar—).  Cada silla o mesa mantiene su funcionalidad y a su vez exhibe todo o una parte del mensaje del cual está fabricado. Todas son únicas, no existen modelos en serie, la disponibilidad de cualquiera se da sobre la base de lo que pueda hallar Boris hurgando en la basura. Él no desperdicia nada en la manufacturación de sus diseños. Emplea las ‘sobras’ del proceso inicial para convertirlas en cosas más pequeñas: posavasos, llaveros o broches. Al final suele quedar aserrín o partículas de metal que trae de vuelta a su depósito de chatarra para reingresarlo en el ciclo de reciclaje. Asimismo, los detalles no se extrañan, todos los modelos vienen con corchos de botellas de champán reciclados en las patas, para proteger sus plantas. 

¿Cómo converge su práctica de estudio con su vida familiar? El nivel de compromiso, su obra enfocada en la resurrección de objetos, se refleja en su casa. “Dirijo mi vida —y como familia todos lo hacemos— a la reducción de basura, el reciclaje, el devolverle la utilidad a algo. Mi estudio y hogar es un viejo edificio que antes era una escuela y luego pasó a ser local del American Legion —organización de veteranos— en 1889, ¡el cual yo compré en el año ’99 al precio de un automóvil! Es un monumento de la ciudad y lo iban a derrumbar: yo lo salvé y restauré. La barandilla de la escalera la hice con palas donadas del conductor de mi UPS (United Parcel Service). Las rejillas de las ventanas fueron hechas con taladros de electricistas, quienes las donaron cuando activaron la energía del lugar”.

El interior de su casa es quizás el paradigma más perfecto del matrimonio entre el diseño industrial y el reciclaje. Todo es material reutilizado: los interruptores de luz (partes de señales), el viejo armoire de la televisión (que muestra el símbolo No pass —no pase—  para los niños), los cascos lámpara, las manijas de las puertas de la alacena hechas con cubiertos doblados, las sillas y mesas fabricadas con señales, la parte de camioneta en el techo, iluminando el comedor con sus reflectores o el suelo del baño cubierto enteramente de fragmentos de señales: duck, red, ship, dont, how, way, wrong, air y así. Su familia también usa todos los prototipos, modelos rechazados o diseños para la casa como buzones de correo, bandejas, platos, cubertería, sillas o mesas. Nada se abandona. “Mis hijos aman la casa y no se dan cuenta de que es muy diferente a las del resto. Cuando sus amigos llegan con sus padres a jugar siempre terminan boquiabiertos y dicen lo mismo: ¡oh Dios mío, no sabía que se puede vivir en un lugar tan genial y colorido!… Es lo que siempre he querido en la vida, un estudio de ensueño que ahora tengo y es mi hogar, el lugar más maravilloso en el que jamás pensé vivir”.

Algunas sillas de Boris Bally (Créditos: J.W. Johnson / www.borisbally.com).

El objetivo es hacer algo que la gente valore empleando algo que han desechado. Lograr que  paguen mucho por un diseño hecho de sus propios descartes. “¡Esencialmente ‘reenvasar’ el material y vendérselo de vuelta a ellos! Hacer algo sexy y valioso a partir de oro es fácil. Trata de hacerlo con basura, ¡ese es el verdadero reto!”, proclama Boris.

“Si bien las vende, Boris no diseña y vende estas sillas para comercializar. Lo importante de su trabajo es, además de continuar la costumbre familiar, el fomento de la consciencia ecológica. El diseño sostenible es un servicio a la comunidad, no se traduce solamente en diseñar y fabricar un producto ecológicamente amigable. Existen tres pilares dentro del diseño sostenible: el ambiental, el económico y el social. Todos tienen que darse para que funcione y esto es lo que sucede con el proyecto Transit Chairs de Boris Bally, y por qué no, con toda su obra”, afirma Ricardo Geldres, diseñador industrial sostenible y docente de la Facultad de Arte de la Universidad Católica.

Obras de Boris Bally (Créditos: J.W. Johnson / www.borisbally.com).

Aún es posible tener un hogar como el de Boris Bally, solidarizándose con la ecología a través de sus preciosos diseños. Siempre se puede acceder a su website para solicitar un pedido. El artista chatarrero seguirá transgrediendo el diseño industrial, buceando en el basurero local de Providence, en una cruzada por sus convicciones y por instaurar esta tradición familiar en la consciencia de todos.

Share This Post!

No Comment

Leave a Reply

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *