La partida y el legado de Quino

Mafalda y el mundo (Fuente: Web oficial de Quino).

Un breve comentario sobre la muerte del gran Quino y la importancia de Mafalda.

Ayer falleció Joaquín Lavado (1932-2020), el enorme historietista argentino conocido por todos como Quino, el hombre que dio vida a Mafalda. Quino se nos fue a los 88 años un día después del quincuagésimo sexto aniversario de su más emblemático personaje, y el Gobierno Argentino declaró duelo nacional. Me atrevería a decir que al menos toda la Latinoamérica comparte el duelo: ¿quién no tiene un libro de Mafalda en casa? 

Quino, un tipo de personalidad tímida que tenía mucho qué decir, un humorista gráfico con un agudo y fino talento  para criticar a la sociedad y la política, creó a esta niña filósofa, sabia, esa alma vieja que en las cambiantes décadas de los 60s y 70s reflejaría el sentir, la angustia y curiosidad de una época. Mafalda, una pequeña cuestionadora que hace preguntas incómodas a sus padres, quienes pocas veces sabían qué contestarle. Junto a ella estaban otros personajes acaso igual de entrañables: Su mamá, su papá, su hermanito menor Guille, Felipe —mi personaje preferido, tan distraído, soñador, perdido en sus cómics e imaginación, pero al mismo tiempo estresado y paranoico con las responsabilidades y el colegio—, Susanita, Manolito, Miguelito y Libertad. En cada una de sus viñetas, Mafalda proponía ideas, compartía sus impresiones de su entorno y del mundo, sus maravillas y extrañezas, nos hablaba de los derechos humanos, siempre con una tendencia pacifista —en tiempos de dictaduras, la Guerra Fría y Vietnam—; de los roles y valores en la familia; del feminismo, el patriarcado y el lugar de la mujer; del amor a la cultura, las artes y la ciencia. Sin duda una niña visionaria, adelantada a su época, y todo bajo una perspectiva progresista que ciertamente realiza una crítica social, mas que nunca abandona el optimismo, la esperanza, la ternura y, por supuesto, el humor.

Algunas de las mejores viñetas de Mafalda (Fuente: Web oficial de Quino).

“No tiene importancia lo que yo pienso de Mafalda. Lo importante es lo que Mafalda piensa de mí”, dijo alguna vez Julio Cortázar. Y es que gracias a ella, Quino compartió su preocupación por nuestro presente y nuestro incierto futuro. Podemos verlo en cuánto Mafalda detestaba la sopa y escapaba de ella o la tomaba a regañadientes: en una entrevista a sí mismo publicada en su web oficial, Quino admite que en realidad a él le gusta la sopa y que ella es “una metáfora sobre el militarismo y la imposición política”. Y así, nos encontramos fuertes ideas en muchas frases clásicas de Mafalda como: “lo malo de la gran familia humana es que todos quieren ser el padre”, “el problema es que hay más gente interesada que gente interesante”, “¡paren el mundo que me quiero bajar!”,  “y al final, ¿cómo es la cosa? ¿Uno lleva la vida por delante o la vida se lleva por delante a uno?” o “a fin de cuentas, la humanidad no es nada más que un sándwich de carne entre el cielo y la tierra”, entre tantas otras más.

Quino haciendo un autorretrato para Caretas (Fuente: Arkivperu.com).

Mafalda dio la vuelta al mundo y tuvo hasta dos series animadas y una película en 1982. Así, Quino se hizo de muchos galardones durante su carrera, entre los que destaca el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2014. Si bien buscaba hacer tanto una reflexión como una crítica a la realidad de su tiempo, los mensajes de las tiras cómicas de Mafalda permanecen vigentes hasta el día de hoy. Toda Hispanoamérica —todo el mundo, si pensamos en las cientos de ediciones y las 35 traducciones— le tiene una deuda imposible de saldar: a través de su obra, Quino se ha hecho inmortal.

A Mafalda le tengo un amor añejo, de toda la vida. Mi mamá leía a Mafalda desde niña, mi hermana y hermano mayor también y gracias a ellos mi otra hermana y yo, los últimos hijos, leímos mucho Mafalda de pequeños. Recuerdo cuando mi hermana mayor me obsequió el TODA MAFALDA para mi noveno o décimo cumpleaños. Lo leí muchas veces y el libro se avejentó rápido, de tanto llevarlo de un lado a otro. Mi mamá todavía tiene esa muñeca de Mafalda en la casa, más vieja que yo, con la que ahora juega mi sobrina de seis años, nueva seguidora cuya personalidad y opiniones no pocas veces me recuerdan a esta niña genio que ahora está de luto. Y así seguiremos, transmitiendo la afición de generación a generación, porque con ciertas cosas es necesario. Gracias, Quino.

El maestro Quino (Fuente: Web oficial de Quino).

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