“En el Perú, la gente ya no es feliz”

ENTREVISTAS y PERFILES, Historia, Periodismo, Política, Semblanzas, Terrorismo - Diego Olivas Arana - 20 Enero, 2021

Carlos Tapia García (Foto: Archivo Grupo El Comercio).

Hoy nos hemos enterado del fallecimiento de Carlos Tapia García (1941-2021), ingeniero agrónomo, docente universitario, analista político, miembro de la CVR, exdiputado y reconocido militante de la izquierda. En vista de ello, comparto esta conversación que tuve con él hace una década. La siguiente es una versión editada de una entrevista realizada el 1 de octubre del 2011, durante mi primer año de estudios de periodismo en la universidad Católica (PUCP). En esos tiempos, Tapia era todavía asesor de Salomón Lerner Ghitis en la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM). Se le nota agudo y divertido, mas lúcido y certero, como siempre. Que en paz descanse. 

Muchos lo llaman loco por personalidad intensa y dada a la confrontación. No son pocos los que, falsamente, han aprovechado su experiencia de vida y conocimientos para asociarlo con el terrorismo. Los hay quienes lo contemplan como una persona íntegra y uno de los últimos baluartes de la izquierda en el Perú. Otros, simplemente, no pueden evitar recordar sus polémicas declaraciones. Lo cierto es que Carlos Tapia es un personaje singular. Estudió Ingeniería Agrónoma en la Universidad San Cristóbal de Huamanga, donde luego retornaría como docente, mas fue su carrera política, iniciada al unirse al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) a los 22 años, la que lo hizo más conocido. Ha participado en seminarios y conferencias sobre terrorismo en diversos países de Latinoamérica y Europa; fue miembro de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) donde trabajó duro para investigar y dar a conocer lo sucedido durante el conflicto armado; ex ideólogo del Partido Nacionalista Peruano y en las últimas elecciones, asesor de Ollanta Humala en Gana Perú. Actualmente es asesor de la PCM y afirma que la vida ya no hace feliz a los peruanos, pues existe una desigualdad que nos condena y es apoyada por los medios.

— ¿Tú has venido a arreglar el wifi, no? — Me preguntó, en el acto, apenas le extendí la mano. Nunca supe si me estaba jodiendo o si realmente pensaba que llegaba a reparar su conexión de Internet. Vestía un buzo, como si lo hubiese cogido justo antes de salir a trotar al parque. Carola, su esposa, estaba allí cerca y me aproximé a saludarla. Se veían muy bien juntos, muy hogareños en esa atmósfera cálida y apacible de su casa en San Felipe.

— Sabe, lo vi ayer por la tarde en la universidad, en la conferencia con Santiago Pedraglio y Salomón Lerner. — Le comenté mientras me sentaba, buscando un inicio amigable.

— ¿Estuviste? ¿Qué tal? — Quiso saber. Lamentablemente, tuve que confesarle que no me habían dejado entrar y lo había escuchado desde afuera, pues había llegado tarde.

— Con esa barba pues, quién te va a dejar entrar.

Y así seguimos. Tras hablar sobre la universidad e intercambiar algunos chascarrillos —miento, todos eran suyos, yo solo me reía—, arrancamos.

 

Violencia Política

Empezamos desde la raíz. Considerado un ducho en lo relacionado a la guerra interna en el Perú, en especial a Sendero Luminoso, quise saber de su pasado en la Universidad de Huamanga. ¿Cómo conoció al Abimael Guzmán? ¿Qué tan cercanos eran? Se frotó el mentón y respondió, casi en el acto que esa era su casa de estudios y estaba orgulloso de ella, y prosiguió:

“Conocí a Guzmán en la universidad. Era profesor en la facultad de educación. Llevaba a su cargo un curso llamado ‘Historia de las ideas políticas’. Yo era jefe de práctica de matemáticas y a la vez, alumno de ingeniería rural. Nunca fuimos realmente amigos. Él era mayor que yo, y no te olvides, yo militaba en la izquierda y él era conocido por ser del Partido Comunista. Nunca pensé hacerme comunista, jamás tuve esa predisposición a aceptar las cosas que él difundía. Además, yo era católico e incluso cadete de la Escuela Naval del Perú. Él criticaba a los guerrilleros: al Che Guevara lo llamaba ‘tipejo’, era obvio que no teníamos puntos en común, al contrario, había polémicas, discusiones, entre los que eran de Sendero Luminoso y los que éramos de la izquierda, llamémosle ‘nueva’, no comunista. Es sabido que, por ese entonces esas eran las polémicas en las universidades: entre los senderistas y los que estaban con el MIR, con Vanguardia Revolucionaria y que después formamos Izquierda Unida y participamos en las elecciones. Ellos consideraban que éramos unos electoreros, traidores, cosas por el estilo”.

Su experiencia como “senderólogo” es harto conocida. Si pensamos en los numerosos estudios en torno la organización terrorista como LA AUTODEFENSA ARMADA DEL CAMPESINADO (1995) o LAS FUERZAS ARMADAS Y SENDERO LUMINOSO: DOS ESTRATEGIAS Y UN FINAL (1997), entre otros, o su rol dentro de la CVR, vemos sin duda que el tema no es algo que ha vivido en carne propia, sino que también le apasiona. Me contó que en el año 1980 fue candidato a una diputación por Ayacucho, por la Unión de Vanguardia Revolucionaria (UDVP). En ese año empezó a estudiar al Partido Comunista del Perú – Sendero Luminoso:

“Sendero empezó a matar a todos, te darás cuenta de que en ese momento era obvio para mí que tenía que salir de Lima disparado, si no me mataban. Cuando regresé, me di cuenta que acá la izquierda no tenía claro que era Sendero Luminoso. Consideraban que el camino hacia la lucha armada era el indicado, mucha gente de izquierda estaba confundida y por lo tanto decidí especializarme. Estuve de Diputado de la Nación y Miembro de la Comisión de Defensa y Orden Interno y empecé a dar conferencias sobre el terrorismo. Publiqué en La República 212 columnas sobre Sendero. Era consultor de las empresas, pues todas querían invertir en esas zonas y querían ver qué pasaba con la violencia… Creía en una posición militante en la que se podía luchar por la paz. Después fui miembro de la CVR y allí me tocó coordinar con otros miembros todo lo concerniente a Sendero Luminoso. Para ese entonces, ya conocía bastante”.

Dicho esto, es importante recordar que en la vida de Carlos Tapia la violencia política no se redujo solamente a debatir ideas. El 29 de diciembre de 1993, Sendero Luminoso dinamitó su casa en Lima. Él no estaba presente.

“Tuve suerte. Han muerto muchos amigos míos por Sendero Luminoso… Y también muchos otros asesinados por los malos elementos de las Fuerzas Armadas”.

 

Violencia urbana

Estábamos solos en su sala. A pesar de haber mencionado su premura y el poco tiempo que tendríamos para conversar, Carlos parecía sosegado, incluso amigable, pero cuando me disponía a cambiar de tema para hablar sobre la violencia en la ciudad, pareció emocionarse. No vaciló, y al escuchar la palabra feminicidio se lanzó. Para él todo gira en torno a la igualdad:

“Esta problemática es más recurrente en el campo que en la ciudad. Piensa en esto, si un día cualquiera, un hombre asesina a su esposa porque le engaña con otro campesino, ¿qué sucede? Nada, nadie se entera. Lamentablemente, muchos no tienen a quien recurrir. Algunos ni siquiera tienen DNI, no están registrados… Y esto responde en gran parte a que nuestra sociedad no ha dejado de ser machista y patriarcal, donde la que la mujer todavía es un objeto subordinado al poder del varón”.

Tapia lo contempla como una consecuencia lógica en países como el Perú, en los que, como afirma, cuanto más atrasada sea la sociedad, más natural será la violencia doméstica en todas sus facetas:

“Es una parte oscura que la sociedad no quiere reconocer, que tiene que ver con la búsqueda de la libertad, de una sociedad libre, una en la que los hombres no tengan esos miedos, traumas y secuelas en la formación de su personalidad que los llevan a hacerle daño a las mujeres. Esto es algo que nunca se ha conseguido. Aquí el hombre vive ocultando sus temores, creyendo que siempre tendrá el dominio de la situación, que puede hacer lo que le plazca. Eso es parte del atraso. Solo se podrá superar cuando nuestra sociedad sea más libre a través de la equidad”.

Tapia continuó discurriendo sobre la desigualdad actual en nuestra sociedad. ¿Qué podría hacerse para fomentar ese pensamiento de libertad e igualdad?, le pregunto. Su respuesta fue de lo más insospechada:

“Hay que meter presos a todos los violentistas. Si le pegan a tu mamá, ¿por qué no pedir que metan preso al que lo hizo?”

Entonces, ¿para erradicar la violencia tenemos que meter presos a todos los victimarios?

“Pero por supuesto. No me cabe la menor duda. ¿Te agrada el escenario en el que una pobre mujer se acerca a la comisaría con el rostro golpeado, el ojo morado y el policía le diga “algo habrás hecho para que tu esposo te deje así”…? ¿No, verdad?”

No le digo que está equivocado, ¿pero acaso es la única solución?

“Jamás. Nunca hay una sola solución, pero debemos comenzar por algún lugar, y aquel es un buen punto de partida”.

 

Violencia y los medios

Continuamos hablando de la ciudad, mas esta vez tornándonos más coyunturales. La desgraciada muerte del aliancista Walter Oyarce y la galería de personajes inculpados siguen invadiendo la prensa. La desaparición de este joven de 24 años todavía es fruto de miedos e indignaciones. Tapia está más que enterado del asunto, y aprovechó la oportunidad para invitarme a una marcha encabezada por el presidente Humala este 15 de octubre:

“Ese día habrá una marcha de la sociedad peruana, de rechazo a la violencia social. Estos problemas suelen responder a diversos complejos y problemas tanto sociales como individuales. Cuando sucede algo tan terrible como lo que le ocurrió a este chico, se debe actuar, haciendo que la sociedad civil se levante. Todo lo que pueda hacer un ministerio o el gobierno en sí mismo nunca será suficiente. Si no hay participación y no se genera una consciencia colectiva y nueva de rechazo de estos actos condenables, las cosas jamás saldrán bien”.

Su entusiasmo no mermó. Al contrario, se mostraba más serio y decidido.

“Hay algo que todos deben entender. ¿Tú sabes el nombre del chico, del aliancista asesinado, verdad? De acuerdo, y dime ¿por casualidad no sabrás también el nombre del chico del Sport Boys que murió apuñalado por los barristas? La gente no lo sabe porque la prensa no se interesó en él… ¿Y por qué crees que sí se preocupó por un joven fan de Alianza Lima que se ha caído del palco y no lo hizo cuando acuchillaron a este joven humilde de barrio, de los barracones del Callao? Porque era alguien en un palco, en su lugarcito en la tribuna norte. ¿Se desató algún escándalo por el chico apuñalado? ¿Se hizo una marcha? No. Esto sucede porque los hechos son recogidos por el periodismo de acuerdo a sus intereses. Debemos reflexionar sobre esto”.

Luego trasladó esa desigualdad que nos marca a otros contextos, ajenos al fútbol:

“Mira, desde febrero a julio de 1992, Sendero Luminoso puso 17 coches bomba alrededor de Lima. Uno fue el de Tarata. ¿Qué hay de los otros 16? Los de Tarata fueron víctimas inocentes, pero carajo, ¿y los muertos de Puentepiedra? ¿El coche bomba de la comisaría? ¿Y los del coche bomba en Villa El Salvador? No valen lo mismo. La prensa levantó todo ese polvo con el incidente de Tarata porque sucedió en Miraflores. No puede ser que en un país nos fijemos en la violencia solo cuando hay muertos de la clase alta. Otro ejemplo: tras la matanza de los ocho periodistas en Uchuraccay en 1983, todos los 26 de enero, fecha en la que sucedió la masacre, hay una marcha de los deudos por la comunidad. Yo los acompañaba, pues me parecía una responsabilidad compartida e importante. Pero con el tiempo, la comunidad empezó a recibir a los periodistas y a los familiares de los fenecidos de una manera no muy respetuosa. Finalmente, un año en el que los acompañé hubo una feria en la que vendían chicharrones, bebida, de todo. Indignado, busqué al presidente de la comunidad y le pregunté por qué dejaba que eso suceda. Él me llevó a una esquina y me dijo: ‘lo que pasa es que usted viene porque sabe que esos son sus muertos. Pero en nuestra comunidad tenemos 135 muertos, nadie viene por ellos, nadie sabe quiénes son’… ¿Ves a lo que me refiero?”.

Según Carlos, todo atañe a una desigualdad que nos retiene y es intensificada por el mal periodismo, aquel del sensacionalismo, de la desinformación, falto de toda ética. En el Perú, sostiene, existe esta desigualdad que no solamente se expresa en los niveles de vida, sino en cómo está construida la sociedad:

“Esto demuestra que los medios cumplen una función deformada de su profesión, porque están sujetos al rating y a la condición económica de la empresa. Se debe construir otro periodismo reflexionando en torno a este problema”.

Y acabamos volviendo al fútbol. Como hincha del Sport Boys, le pregunto, ¿qué nos puede decir sobre las barras bravas y el caso Oyarce?

“No voy mucho al estadio, pero creo que este es un problema que tiene que interiorizarse para resolverse. Las barras bravas son una expresión de la ira contenida y de la frustración de la vida de los jóvenes, ellos no están contentos, por ello beben o se drogan. Verás, hay que entender que en el Perú, la gente ya no es feliz, la vida ya no hace feliz a las personas. Se sienten frustradas y esto es parte de un sistema que nos lleva a competir permanentemente. Este sistema dice ‘todo vale si te hace feliz, no importa lo que pase con el resto, lucha, no seas cojudo. Entonces, yo le meto marihuana, PBC, entre otras cosas. No tienen límites y eso es producto de una enfermedad muy profunda no solo de nuestra sociedad, sino del mundo. Recuerda lo que está pasando en España o en Grecia. La desigualdad es muy grande. Es por ello que, para sosegar ese comportamiento, reducir esos actos, debemos luchar por una sociedad que goce de igualdad y eso sucederá principalmente cuando los medios de comunicación estén al servicio del cambio y no propendan a seguir manteniendo esa diferencia”.

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